PATRICIA VILLAGOMEZ

VOLVER A HISTORIAS



Trabaja en una almazara y en la asociación de inmigrantes

“Arco Iris Levantino” de Cuevas de Almanzora (Almería)




Llegó en 1999 a Almería como turista para quedarse después con la intención de mejorar su calidad de vida. Algo que parece haber conseguido, sobre todo gracias a su puesto de trabajo en la almazara.

Vive actualmente en la barriada “Las Herrerías” junto a sus dos hijos, Edy y Andrea. Aunque su intención era convivir con su compañero en nuestra tierra una vez hubiera alcanzado cierta estabilidad laboral, Patricia nos cuenta que “al poco tiempo de estar en España, mi marido, que se encontraba en Ecuador, se fue con otra mujer abandonando a nuestros hijos con la justificación de que se encontraba solo”.

Las circunstancias personales siempre marcan nuestras vidas, pero Patricia le echó valor a la situación para conseguir su objetivo aunque se encontró con momentos de rechazo por parte de algunas personas “por el desconocimiento que tenían sobre nosotros. Creían que los inmigrantes éramos malos, veníamos a robar, se asustaban del color de las personas, pero poco a poco han ido aceptándonos”.

Por eso dice que España, en parte, sí es racista porque “no aceptan a todas las personas por su raza, por su nacionalidad y por su color”. No entra en más detalles pero la moneda siempre tiene dos caras y reconoce que “he encontrado a mucha gente que me ha ayudado, tal vez sea por mi carácter, mi manera de ser y por muchas cualidades más”.

Patricia es escueta en la respuesta a nuestras preguntas pero quiere participar de esta aventura destinada a conocerles, a conocer a los inmigrantes que reclaman su legítimo derecho a buscar una vida mejor de la que tenían en sus países de origen.

Los momentos duros han formado parte de su existencia durante su estancia en España y lo intuimos cuando a la pregunta de si hay distintos tipos de inmigrantes contesta de manera tajante que sí, porque todo depende del punto del globo del que lleguen. Y añade: “la gente cree que los inmigrantes procedentes de Africa o América del Sur, son peores que los que provienen de países de la Unión Europea”.