FABIO MURRIETA

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Escritor y editor cubano.

Director de la Editorial “Aduana Vieja”

Vicepresidente de la Asociación Cultural “Con Cuba en la Distancia”



Vino a España en 1997 gracias a una beca del Ministerio español de Asuntos Exteriores para hacer un doctorado en Filosofía y Letras.

Durante años vivió en Cádiz, una tierra que ama como al resto de Andalucía,  pero su residencia se encuentra ahora en Valencia donde se dedica a la escritura y a la edición, a través de su empresa, la editorial “Aduana Vieja”. También es especialista en creación multimedia, por lo que compagina las anteriores labores con la docencia en el ámbito de las nuevas tecnologías.

Yo no salí de Cuba por hambre, sino por dignidad y porque no quería para mi hijo el futuro que le deparaba la banda de criminales que allí gobierna y desgobierna a su antojo”, dice Fabio con sinceridad.

De hecho, su rechazo a lo que llama dictadura cubana, hizo más difícil  su salida porque la beca que le fue adjudicada no le otorga a un ciudadano cubano la posibilidad de marcharse, algo a lo que sólo tienen derecho los hijos de ministros o personas de confianza del régimen.

La ayuda de unos amigos fue vital para escapar. Gracias a ellos, pudo matricularse en una universidad española, y aunque no se le concedieron algunas autorizaciones “las falsifiqué y las firmé yo mismo”, afirma Fabio. El dinero para el billete lo reunió gracias a amigos y familiares. “Así pude salir, o escapar, según se mire”, añade.

No da rodeos al explicarse. Tampoco al tomar sus decisiones. No estaba dispuesto a resignarse a quedarse en Cuba. El exilio fue para él una forma de rebelarse. “Es una manera de decirles que haces lo que te da la gana, que no temes a las represalias y que no les rindes pleitesía”.

Está convencido de que sin regímenes opresores, la gente no intentaría emigrar en masa.

Tiene la nacionalidad española y de hecho no tiene reparos a la hora de señalar que a veces se siente más español que cubano.

Aquí ha conseguido la oportunidad que esperaba, aunque ha luchado con fiereza por conseguirla  y más teniendo en cuenta que cuando llegó se encontró con lo que muchos no saben, que el problema del paro es una constante en nuestro país.

Pero pudo crear su propia empresa, algo impensable hoy en día en Cuba. Por tanto, contando con trabajo, con un hijo al que “no le falta de nada” y el apoyo de la mujer que ama, “no puedo pedir más”, dice Fabio.

Su filosofía de vida se resume en la frase “yo soy de donde vivo”, aunque algunos la llamen cultura del desarraigo, pero a Fabio no le tiembla la voz cuando afirma “no hay que temer a perder las raíces”, porque a lo que de verdad no se renuncia, eso nunca se pierde. Por eso se considera cubano por los cuatro costados, porque lleva a Cuba en el corazón, lo que no es incompatible con su amor por España. País que defiende y por el que también padece, donde ha encontrado una mano cuando la ha necesitado. Y eso no lo olvida.

Se levanta cada día convencido de que su decisión fue la mejor aunque no puede olvidar algunos momentos desagradables. Su peor experiencia la vivió en la comisaría de policía de Cádiz, donde solicitó asilo político acompañado de su mujer y su hijo. Desgraciadamente, se encontró con un interlocutor tan desagradable como su experiencia. Le amenazó con que en tres meses, le devolvería a Cuba por la fuerza porque según aseguró “el perseguido político no llegaba en avión sino en patera”, y además “en Cuba no había ningún conflicto que justificase su negativa a volver”.

Acto seguido les comunicó que les trasladaría por unas dependencias para tomarle las huellas, que en realidad eran los pasillos de los calabozos, pero afortunadamente, otra persona de la comisaría se percató de la situación y les ayudó a que no tuviesen que atravesarlos. “El solo hecho de intentar enviar a un niño a través de los pasillos de un calabozo, eso nunca se lo perdono y para mí es uno más de los que no tienen entrañas”, señala Fabio.

En ese momento, se dio cuenta de que no todos tienen las mismas oportunidades. “ Mi preocupación en comisaría no era que me devolvieran a Cuba porque sabía que la ley me protegía, sino el pobre nigeriano que estaba detrás de mí en la cola y ni siquiera hablaba español”.

Ha sido difícil pero ha superado momentos tan violentos como éste.

Lo que le preocupa ahora, no es una supuesta actitud racista del español hacia el extranjero, pero sí detecta lo que llama “elementos a nivel de comportamiento” que evidencian en su opinión, ciertas reservas y hasta rechazo a determinados grupos sociales.

En España hoy en día el problema de la inmigración se percibe incluso como más grave que el de la amenaza terrorista. Eso quiere decir que si desde la administración y la sociedad civil no se establecen políticas de actuación que sean capaces de prever y de actuar a tiempo, cada vez los comportamientos de rechazo e incomprensión aumentarán”.

Cree que este país necesita de una mayor concienciación sobre el drama del emigrante, sobre todo teniendo en cuenta que España sabe mucho del tema. Su historia está escrita con personas que salieron en masa a buscar trabajo a Europa y a América.

Este cubano de nacimiento y español de corazón lamenta que todos los inmigrantes que llegan a España lleven todavía esa horrible X en la tarjeta de residencia, que les “delata y les clasifica como si se les hubiera marcado con un hierro caliente, como si fuesen ganado o ciudadanos de segunda”.